martes, 22 de julio de 2014
Normativa para la valoración de grado de displasia de cadera.
Cómo solicitar un afijo
Para solicitar un afijo se deberá cumplimentar el impreso correspondiente dirigido a la Comisión del L.O.E., pudiéndose indicar hasta tres opciones, por orden de preferencia, así como los datos y firma/s de la/s persona/s que lo solicita/n. Dicha solicitud deberá remitirse a la R.S.C.E. o a la sociedad canina colaboradora que corresponda según el lugar de residencia del solicitante.
Desde la Real Sociedad Canina de España se cursa la solicitud a la Fédération Cynologique Internationale (F.C.I.), con sede en Bélgica, donde se autorizan o deniegan los afijos.
La concesión de un afijo autoriza a su titular o titulares a utilizarlo en la inscripción de camadas. Todos los titulares del afijo deben ser propietarios de la hembra, madre de la camada, para poder utilizar el afijo.
El afijo es propiedad exclusiva de la persona o colectividad que ha adquirido el derecho y es vitalicio.
El propietario de un afijo puede aplicarlo a todos los ejemplares de cualquier raza de la que es criador. No puede aplicarse a un ejemplar un afijo diferente al de su criador.
Nadie podrá ser titular de más de un afijo.
Enlace: http://www.rsce.es/web/index.php?option=com_content&view=article&id=99&Itemid=218
jueves, 22 de mayo de 2014
BRUCELOSIS CANINA (antecedentes generales, clínicos,control, transmisión al ser humano y estudios realizados)
Autores
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País
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%
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Azuma e Isayama (1973)
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Japón
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1.6
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Mc Williams (1974)
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Perú
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19.0
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Myers y col. (1974)
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Argentina
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18.3
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Von Kruedner (1974)
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Alemania
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10.3
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Flores-Castro y Segura (1975)
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México
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28.0
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Sandoval y col. (1976)
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Brasil
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9.1
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Baluyut y Dugui-es (1977)
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Filipinas
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10.0
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Higgins y col. (1979)
|
Canadá
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1.6
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Taylor (1980)
|
Ingleterra
|
1.2
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Sánchez y col. (1984)
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Chile
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13.0
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Adesiyun y col. (1986)
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Nigeria
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28.6
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Antecedentes clínicos patológicos
-
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Año normal
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Año post-Infección
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Total de cruzas
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58.0
|
59.0
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Abortos
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1.0
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19.0
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Falla en la concepción
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4.0
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15.0
|
Reabsorciones
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0.0
|
8.0
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Cruzas exitosas (%)
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53.0 (91.4)
|
17.0 (28.8)
|
Cacharros nacidos
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282.0
|
74.0
|
Cachorros/hembra/año
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5.7
|
1.5
|
Fuente: Pollock, (1979)
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-
|
-
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Tratamiento
Esquema de tratamiento
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Dosis total/día
(mg/kg)
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Duración
(ds)
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Fallas
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Exitos
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Tetraciclina
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14.0
|
14
|
5/5
|
0/5
|
Tetraciclina y
|
14.0
|
14
|
3/3
|
0/3
|
Sulfadiazina-Trimetoprim
|
88.0
|
14
|
-
|
-
|
Rifampicina,
|
44.0
|
8
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2/5
|
3/5
|
Demociclina y
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55.0
|
8
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-
|
-
|
Estreptomicina
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11.0
|
7
|
-
|
-
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Minociclina y
|
27.0
|
14
|
3/18
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15/18
|
Estreptomicina
|
11.0
|
14
|
-
|
-
|
Tetraciclina,
|
20.0
|
14
|
3/6
|
3/6
|
Estreptomicina y
|
11.0
|
14
|
-
|
-
|
Sulfadiazina-Trimetropim
|
15.0
|
14
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-
|
-
|
Fuente: Flores Castro y Carmichael (1981).
CONTROL
Mientras los tratamientos no sean efectivos y no exista una vacuna que genere una buena inmunidad, lo único que se puede hacer para controlar la enfermedad es evitar la exposición al microorganismo.
Luego de numerosos ensayos realizados para controlar y erradicar la enfermedad en criaderos, se llegó a la conclusión que el único método efectivo, aunque drástico, es aquel que al diagnosticar un animal como positivo se elimina definitivamente del criadero. Se recomienda que el diagnóstico serológico sea realizado mensualmente como una manera de detectar todos los animales con infección reciente. Se han requerido cuatro o cinco meses para obtener un criadero libre. La eliminación debe ser entendida como eutanasia, ya que el aislamiento físico dentro del mismo criadero no ha permitido la completa eliminación de la bacteria. Conservar, transar o utilizar reproductores infectados, estaría reñido con las normas elementales de la ética profesional.
Una vez que el criadero sea declarado libre de la enfermedad, deben controlarse todos los animales nuevos que ingresen, realizándoles dos pruebas serológicas seriadas con un intervalo de 30 días. Lo mismo para los animales que deban trasladarse temporalmente a otros lugares.
Estas medidas deben necesariamente ir acompañadas de una rigurosa limpieza y desinfección. B. Canis, a pesar de que figura como una de las bacterias más resistentes a las condiciones ambientales, muestra sensibilidad a los desinfectantes de tipo iodóforos y a los derivados amonio cuaternarios.
Algunos autores señalan la castración como un método de control, pues evita la transmisión venérea, sin embargo su aporte es mínimo al considerar las otras vías de infección.
Todo esfuerzo para controlar la brucelosis en un criadero se verá disminuído si no se controla adecuadamente la población de perros vagos, ya que constituyen el principal factor de diseminación entre un área y otra. Estudios serológicos realizados en el extranjero revelan una alta prevalencia en dicha población, incluso en algunos casos es más elevada que la encontrada en perros con dueños. En nuestro país, a pesar de que no existen estudios formales al respecto, se encontró casualmente un perro vago positivo, lo que hace suponer, dado sus hábitos, que habrían más animales infectados y por tanto una mayor posibilidad de diseminación.
TRANSMISIÓN AL SER HUMANO
El hombre y los primates son regularmente poco sensibles a la infección por B. Canis. El primer caso de brucelosis en el hombre fue descrito en Estados Unidos en el año 1967; a partir de esa fecha se han notificado numerosos casos en todo el mundo.La predilección de las familias por incorporar perros en sus viviendas es una costumbre muy antigua, cuya consecuencia más directa ha sido la creación de un fuerte lazo afectivo con dichos animales. Así, la convivencia es cada vez más estrecha, especialmente en los niños, quienes ven a sus mascotas como compañeros inseparables. Esta costumbre hace que los riesgos de infección sean cada vez mayores.A pesar de que la enfermedad no es sólo de riesgo profesional, es importante que el clínico menor adopte todas las medidas de protección cuando examine un paciente sospechoso.La fuente de infección más común sería a través del contacto directo con tejidos abortados y especialmente con descargas vaginales. No siempre se ha podido establecer la fuente de infección, situación que hace más difícil la prevención de la enfermedad en el hombre.Los síntomas son similares a los conocidos para las otras brucelas, pero menos severos, fiebre intermitente, cefaleas, astralgias, mialgias y pérdida de peso. No se ha comprobado aborto en mujeres infectadas.El tratamiento es bastante convencional y considera el uso de tetraciclina sola o en asociación con estreptomicina durante tiempos prolongados.El diagnóstico puede ser serológico, utilizando las pruebas ya mencionadas o bien bacteriológico a través de hemocultivos.Es deber del médico veterinario dar a conocer a los dueños los riesgos que significa mantener un animal infectado dentro del hogar.
ESTUDIOS REALIZADOS
La brucelosis canina fue descrita en el país simultáneamente en Valdivia y Santiago en 1978, en ambos lugares, a partir de hembras caninas que habían abortado.
Con este antecedente se pretendió conocer la prevalencia que tenía la enfermedad en los criaderos de perros existentes en el área Metropolitana. La prueba de diagnóstico empleada fue la de inmunodifusión en gel, utilizando un antígeno soluble de tipo R, preparado a partir de Brucella ovis, en nuestro laboratorio y controlado de acuerdo a un patrón de CEPANZO, OPS/OMS.
Los resultados obtenidos en esa ocasión (1979) indicaban que de 13 criaderos encuestados, seis mantenían la infección y acusaban problemas en sus perros, atribuíbles a brucelosis.
De 226 perros seroencuestados, 26 (11,5%) dieron resultados positivos a la prueba.
No se observó diferencias significativas atribuíbles a sexo y a grupos etarios. Las prevalencias más altas fueron encontradas en perros de las razas Setter, Ovejero Alemán, Boxer y Dálmata.
En la X Región (Valdivia, 1979) y por medio de la prueba de seroaglutinación en tubo se encontró que 16.7% de 174 perros dieron resultados positivos.
La evidencia serológica y bacteriológica de brucelosis canina se siguió presentando con frecuencia en los servicios de diagnóstico de nuestros laboratorios.
La presentación en forma alarmante, de la infección en un criadero de perros, hizo que, de acuerdo con el propietario, se pusiera en práctica un plan de control de la enfermedad con el fin de aminorar el daño a producirse. De este modo se administraron antibióticos y se aplicaron medidas de desinfección, segregación y eliminación de animales (1979).
El criadero tenía un número apreciable de perros, de los cuales el 23% de los machos y el 30% de las hembras eran reactores.
Práticamente todas las razas estaban presentando el problema. Durante los últimos cuatro meses se habían registrado 26 casos de abortos, muchos de ellos comprobados bacteriológicamente como producidos por B. Canis.
El tratamiento consistió en la administración de tetraciclina 50 mg x k. peso/día y estreptomicina en igual dosis y se hizo extensivo a 40 días.
Simultáneamente se separaron los animales reactores y se realizó limpieza y desinfección permanente de caniles y utensilios.
Después de 10 meses post tratamiento, sólo se habían presentado dos casos de aborto. Al realizar las pruebas diagnósticas (inmunodifusión), se encontró a un macho y cuatro hembras positivas, animales que fueron eliminados por sacrificio.
Se observaron algunos problemas en recién nacidos debidos al efecto del tratamiento de hembras preñadas, pero éstos fueron en escaso número.
Lamentablemente, la brucelosis canina volvió a presentarse en ese criadero, aunque en baja intensidad. Atribuimos el hecho, a que el tratamiento no siempre logra hacer desaparecer al agente, el que puede recurrir en un tiempo después.
En E.E.U.U. se diagnosticaron casos humanos de esta brucelosis, los primeros, atribuibles a accidentes de laboratorio y luego a los manipuladores y tenedores de perros.
En 1981 realizamos un estudio con el fin de conocer la presencia de reactores a brucelosis canina, entre los médicos veterinarios que se dedicaban a la práctica de clínica menor. Se utilizó también como base de diagnóstico la prueba de inmunodifusión.
Se logró encuestar serológicamente a 131 médicos veterinarios del Area Metropolitana y de la especialidad citada, ejercida parcial o exclusivamente. Los resultados de este grupo se compararon con el de un grupo de igual número de dadores de sangre de un hospital de la capital.
El grupo de médicos veterinarios dio resultados positivos levemente superiores a los del grupo de control, (seis casos entre los médicos veterinarios y cinco entre los dadores de sangre). El riesgo relativo de enfermar del grupo profesional fue de 1.2 y el atribuible 0.0073. Entre ambos grupos no hubo diferencias significativas en los resultados, relativos al sexo de los encuestados.
La imposibilidad de obtener resultados confiables y duraderos por medio de los tratamientos en brucelosis canina nos movió a estudiar si una vacuna pudiera emplearse con el fin de prevenir la presentación del problema.
Brucella canis es una bacteria naturalmente de tipo rugoso (R), por lo que una vacuna como la Cepa 45/20 adyuvante podría proteger adecuadamente. (Esta vacuna es preparada a base de una cepa rugosa de B. abortus adicionada de un adyuvante oleoso).
Se utilizó esta vacuna en esquema de doble vacunación, en dosis 1/3 de la usada en el vacuno. Dieciseis perros fueron vacunados y 8 mantenidos como control. A los 60 días fueron todos desafiados con una cepa de B. canis de reconocido poder patógeno. Se constató también la respuesta frente a las pruebas de aglutinación en tubo e inmunodifusión de los animales vacunados.
Al final de la experiencia, se pudo aislar Bucella canas en 2 de los 16 perros vacunados y en 4 de los 8 perros controles. No hubo respuesta frente a la prueba de seroaglutinación, pero sí frente a la prueba de inmunodifusión, cuya duración fue limitada. Lamentablemente el adyuvante oleoso de la vacuna produjo una reacción demasiado intensa, con presentación de abcesos, lo que no permitió recomendar su uso en esta especie mientras no se cambie el adyuvante. Esta misma experiencia realizada en corderos dió resultados bastante satisfactorios (1987).
Con estos antecedentes quedó en claro que una cepa rugosa era capaz de otorgar protección. Para obviar el problema del adyuvante, se disoció en el laboratorio Brucella abortus cepa 19, la que durante 3 años fue sometida a pasajes por medios líquidos, por medios de alto tenor de alanina y fierro, por envejecimiento,etc. Con ella se preparó una vacuna que se empleó en un modelo de cobayos. Este modelo no dio los resultados esperados, a pesar que la vacuna ofreció algún efecto protector. Esta experiencia debe repetirse con el fin de comprobar la factibilidad del uso de esta Cepa.
En relación al diagnóstico específico de la brucelosis del canino, se ha utilizado la prueba de contra inmuno electroforesis, la que presenta bondades frente a la prueba de inmunodifusión, especialmente en lo que se refiere a rapidez (1985).
Estudios recientes de seroprevalencia indican que en 9 criaderos con 466 perros encuestados se encontró 13.5% de positivos. Si se compara este resultado con aquellos obtenidos en 1979, se un ligero aumento en el porcentaje de prevalencia. Ello indica que la enfermedad ha seguido provocando problemas.
Los médicos veterinarios de la especialidad de clínica menor deben promover entre los propietarios de perros, sean criadores o particulares, la puesta en práctica de medidas para eliminar o disminuir el problema.
Hay que tener presente que se ha comprobado seroreactores entre los médicos veterinarios y entre dadores de sangre, lo que indica que la infección parece no ser excepcional. Además hay que agregar que ya se han presentado también, casos clínicos humanos de esta brucelosis. Constituye por lo tanto, un desafío de la profesión, limitar este mal.
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